¿Me amo lo suficiente como para elegir mi paz?
Todos los días te levantas, vas al baño, te lavas la boca y, en algún momento, te miras al espejo. Lo hacemos de manera automática. Hay días en los que realmente te evalúas, pero la mayoría de las veces solo miras tu reflejo sin detenerte a observarte.
Durante mucho tiempo dije que me amaba. Cada mañana podía mirarme al espejo y repetirlo. Sentía que eso era suficiente para demostrarme que me quería.
Pero hoy comprendo que amarte va mucho más allá de mirarte al espejo y decir: “Me amo”.
Porque cuando la vida se sacude, cuando todo parece salirse de lugar y te encuentras en medio del caos, es cuando llega la verdadera pregunta:
¿Me amo lo suficiente como para elegir mi paz?
Esa interrogante lleva semanas martillando mi cabeza. Y, mientras más la pienso, más reconozco lo injusta que puedo llegar a ser conmigo misma.
Sí, puedo elegirme.
Sí, puedo elegir mi paz en medio del caos.
Solo que alcanzarla cuesta un poco.
No es tan fácil hacerlo como decirlo. Cuando te toca vivirlo, la historia cambia. Hubo momentos en los que llorar y gritar fueron la única manera que encontré de liberar todo lo que llevaba dentro y acercarme a la paz que tanto necesitaba.
En cada uno de mis procesos he comprendido que las herramientas de coaching sí funcionan, porque me ha tocado ponerlas en práctica de la manera más cruda en algunos de los momentos más difíciles de mi vida.
Crecemos, aprendemos y adquirimos herramientas, pero eso no significa que dejemos de sentir ni que podamos evitar vivir nuestros procesos.
Por eso hoy te escribo desde el caos, pero también desde la paz. Esa paz que, por un momento, acusé a otra persona de haberme arrebatado.
Claro, porque siempre necesitamos encontrar un culpable. Nuestra mente busca algo o a alguien fuera de nosotras para responsabilizarlo de todo lo que sentimos.
Pero así no funciona.
Mi paz no depende de que alguien me la dé. ¿Cómo podría depender de otra persona? Si yo soy mi paz y mi templo.
Tenemos heridas, traumas, patrones y conductas aprendidas que repetimos sin detenernos a observarlas. Llegamos a creer que nuestro bienestar, nuestra felicidad y nuestra tranquilidad dependen de lo que otra persona haga o deje de hacer.
Pero nada de mí debería depender completamente de alguien más.
Amar es una decisión.
Elegir mi paz es una decisión.
Y vivir amando también es una decisión.
Sí, lo es. Y hoy puedo asegurártelo.
Antes habría dicho: “Qué mundo tan cruel. Si lo hice bien, si estaba feliz y vivía en paz, ¿por qué vienes a quitarme mi felicidad y mi tranquilidad?”.
Pero, al pensar de esa manera, estaba responsabilizando al mundo de lo que ocurría dentro de mí. Era lo más fácil.
Hoy entiendo que mi paz no depende de un mundo cruel. Depende de mí. De cómo decido vivir, de cómo elijo enfrentar esta situación y cualquier otra que llegue a mi vida. Depende de cómo decida elegirme, incluso en medio del caos.
No, no es fácil.
Se necesita un nivel de conciencia muy alto, aunque sea para intentarlo. Se necesita aprender a escucharnos con detenimiento. Así como cuando alguien te cuenta un chisme y no dejas pasar ni un solo detalle, escúchate a ti también.
Escúchate.
Obsérvate.
Pregúntate qué necesitas.
Porque es ahí, dentro de ti, donde encontrarás muchas de las respuestas que llevas tanto tiempo buscando afuera.
La próxima vez que te mires al espejo, no te limites a ver tu reflejo. Detente y obsérvate de verdad. Mira a esa persona que está frente a ti y pregúntale:
¿Qué puedo hacer hoy para elegirte y proteger tu paz?
A mí me tocó aprenderlo en medio de uno de mis momentos más oscuros. Hubo días en los que me sentí fatal, pero también fueron muchas las veces en las que pude volver a mí y encontrar esa paz que me daba seguridad.
No porque todo estuviera resuelto.
No porque el caos hubiera desaparecido.
Sino porque, aun en medio de todo, decidí no abandonarme.
Esta es mi carta. Y con ella solo quiero recordarte que amarte no es únicamente pronunciar palabras bonitas frente al espejo.
Amarte es aprender a vivir un día a la vez.
Amarte es escucharte cuando algo dentro de ti grita.
Amarte es sostenerte en los días difíciles.
Amarte es no abandonarte en medio del caos.
Amarte es elegir tu paz.
Porque amarte también es una decisión diaria.
Con amor,
Yoly
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