Mi Carta
Algunas personas llegan para quedarse. Otras, para enseñarnos.
Hola,
Qué alegría que estés aquí.
Pensé mucho en qué quería compartirte en esta primera carta. Podría hablarte de crecimiento personal, de hábitos o de herramientas que han transformado mi vida, pero sentí que, antes de todo eso, quería contarte algo muy mío.
Durante muchos años, y me atrevería a decir que toda mi vida, me gustó estar rodeada de muchas personas. A muchas les llamaba mis amigas, y a todas las quería muchísimo. Siempre fui de las que daba hasta lo que no tenía por ver a alguien crecer, por hacerle sentir bien o simplemente porque supiera que podía contar conmigo.
Pero también sufría demasiado cuando alguien se iba de mi vida.
Me dolía cuando una amistad cambiaba, cuando alguien se enojaba conmigo o cuando sentía que ya no quería ser mi amiga. Y jamás, durante todos esos años, me pregunté por qué me afectaba tanto.
Hasta hace unos cuatro años, durante mi propio proceso de crecimiento personal, descubrí algo que cambió mi manera de ver las relaciones.
Entendí que todas las personas que llegan a nuestra vida vienen a cumplir un propósito.
Tal vez yo llegué a la vida de alguien para aportarle algo. Tal vez esa persona llegó a la mía para enseñarme, acompañarme o aportar valor en una etapa determinada.
Y no te voy a mentir... al principio se me hizo muy difícil entenderlo.
Porque yo pensaba:
"Si yo te quiero y me caes bien, ¿por qué tienes que irte?"
Pero con el tiempo comprendí que todos aquí tenemos un propósito de estar en esta hermosa vida.
Y así como algún día voy a morir, así mismo las personas pasan por nuestra vida. Nos dan lo mejor de ellas. Nos regalan alegrías en sus buenos momentos. Nos acompañan en días difíciles. Nos dejan recuerdos hermosos para toda la vida.
Y quizás ese era su propósito.
Agregar valor a nuestra historia durante el tiempo que les correspondía estar en ella.
Sí... incluso aquellas personas que se fueron enojadas o de manera brusca.
Hoy puedo mirar hacia atrás y reconocer que, aun cuando hubo dolor, también hubo momentos felices. También hubo aprendizajes. También hubo amor.
Y entendí que su misión se cumplió.
Así como yo crecí gracias a esas experiencias, ellas también crecieron.
Por eso ahora respeto mucho más los tiempos de cada persona y valoro profundamente el tiempo que compartimos.
Tengo amigas que han seguido construyendo su vida lejos de la mía, y aun así seguimos siendo amigas de la vida. Sus hijos me dicen "titi" y los míos también crecieron llamándolas así. No estamos juntas ni nos llamamos casi nunca, pero ellas saben cuánto las amo y las valoro... y yo también sé cuánto significan para mí.
Porque entendí que el amor y el propósito permanecen.
Y aunque el valor que esas personas vinieron a aportar ya se haya cumplido, todo lo que vivimos juntos sigue habitando en mi corazón.
Siempre serán parte de mi crecimiento.
Siempre serán parte de mi historia.
Siempre serán parte de mi vida.
Y creo que eso también es crecimiento personal.
Aprender a amar sin poseer.
Aprender a agradecer sin resentimiento.
Aprender a soltar sin olvidar.
Antes de despedirme, quiero dejarte una pregunta para reflexionar:
¿Hay alguien a quien hoy recuerdas con tristeza por su ausencia, cuando quizás también podrías recordarle con gratitud por todo lo que aportó a tu vida?
Gracias por abrir esta primera carta y por permitirme compartir un pedacito de mi corazón contigo.
Espero que cada vez que recibas una nueva edición de Mi Carta, encuentres una reflexión, una pregunta o una historia que te acompañe y te recuerde que todos seguimos aprendiendo a vivir esta vida un día a la vez.
Nos seguimos leyendo.
Con cariño,
Yoly ❤️
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